El dilema de He-Man (2026): Cuando el diseño es de nivel "Máster" pero el héroe es un chiste de oficina.
La maquinaria de la nostalgia de Mattel finalmente nos trajo de vuelta a Eternia en este 2026 bajo la dirección de Travis Knight. Tras leer la reseña de Clint Worthington en Roger Ebert, queda claro que la producción es un espectáculo visual. Sin embargo, como fan de la vieja escuela, salí de la sala con un sabor agridulce: visualmente es un logro, pero narrativamente sufre de una crisis de identidad que destruye la esencia de su protagonista.
ESTA PUBLICACIÓN ESTA REPLETA DE SPOILERS.
Lo que sí funcionó: Un diseño imponente y villanos temibles
Hay que ser justos: el envoltorio de la película es impecable. Travis Knight logró capturar la estética "metalera" y de fantasía ochentera sin que pareciera un cosplay barato.
La escenografía y el vestuario: La Eternia que vemos se siente como ese set de juegos reluciente con el que soñábamos de niños. Los diseños de vestuario respetan la audacia del dibujo animado original pero adaptados con texturas modernas.
Un Skeletor magistral: El villano principal suele ser el termómetro de estas adaptaciones. Jared Leto ofrece un Skeletor increíble que va un paso más allá de la caricatura sabatina. Logra un equilibrio perfecto entre la malicia amenazante, una presencia física imponente y esa sutil "bitchiness" (actitud mezquina y mordaz) heredada de los 80. Hay sus momentos de humor como los ofrecía la comiquita de los 80, pero aquí queda claro que ese "humor" no es más que una burla a cuanto le rodea, él es un villano y hasta lejos de ser un personaje "lindo y amistoso".
Villanos a la altura de su lider: Los villanos aquí son, por fin, una amenaza real y temible. No es solo Skeletor, el resto de los villanos son imponentes y nada que envidiar a lo que se vio en la caricatura de los 80's, todo lo contrario, los recrudecen.
Pero hasta aquí llegó el puente con el pasado, el cual se rompe diametralmente.
El colapso del guion: Incoherencia y traumas archivados.
Si rascamos un poco más allá de la superficie visual, encontramos problemas gravísimos en el guion que hacen que toda la película se tambalee. La lógica interna de los personajes se destruye en favor de la comedia barata y la conveniencia narrativa.
Lo que era una historia de fantasía y acción se transformó en mofa.
Al momento de escribir esto, en IMDb la película tiene una calificación de 7.2/10 con 15.000 votaciones del público y la crítica la descose con una puntuación de 52 de 100. En otras palabras, el público la ama pero yo no puedo sino ver una obra que es una montaña rusa, donde pasamos de lo sublime a lo burdo y ridículo en cuestión de minutos una y otra vez.
Un héroe sin evolución (y 15 años perdidos en la Tierra)
La película nos muestra que Adam ya estaba siendo entrenado al inicio en Eternia. Sufrió el ataque de Skeletor y vio cómo sus padres eran aparentemente masacrados ante sus ojos. Lo lógico tras un trauma de ese calibre en un héroe es verlo prepararse, obsesionado con regresar. Sin embargo, en la Tierra no hace nada por mantener una disciplina. Un niño traumatizado por estar a la altura de su padre que lo había visto fallar y que ahora solo intenta ir a un gimnasio convencional donde, para colmo de males, el guion lo convierte en el hazmerreir de la clase.
Se pudiera pensar entonces que Adam quería huir de la guerra o que le tenía miedo a Skeletor, pero no es así: la película nos dice que buscaba con desesperación la espada que perdió en el viaje camino a la Tierra. El absurdo llega cuando regresa a su planeta y se sorprende al ver que todo está destruido, como si esperara que las cosas hubieran seguido igual tras década y media de tiranía de Skeletor.
¿Qué aportó realmente su paso por la Tierra? Absolutamente nada. No lo formó, no lo ayudó a madurar, ni le dio herramientas útiles. Tras 15 años, Adam se comporta psicológicamente como si todavía tuviera 8 años.
Su estancia en la Tierra solo sirvió para darle una jefa corporativa que funciona como pivote para ridiculizar el trabajo de oficina y para complementar de alguna manera un momento que raya en lo insólito: la columna vertebral que unirá finalmente a los Masters of the Universe no nace de un espuelazo heroico o de identificación con lo que es bueno, sino de una conversación de apenas dos minutos en el gimnasio con un personaje interpretado por Dolph Lundgren —un tributo directo y nostálgico a la película de 1987, pero que argumentalmente tiene el mismo peso que si lo hubiera vista en un comercial en la televisión—.
El secreto peor guardado del universo
El Príncipe Adam clásico protegía celosamente su identidad para no poner en peligro a los suyos. En esta versión de 2026, el protagonista tiene la necesidad imperiosa de contarle a todo el que se le atraviese en la Tierra que viene de otro planeta y cuál es su origen. ¿Cuál es el propósito? Cuando Teela finalmente llega a rescatarlo, Adam le grita a viva voz a un grupo de desconocidos que no entienden nada: «¡Ahí está la prueba de que lo que decía era verdad!», buscando una validación infantil en lugar de actuar con la madurez de un guerrero.
Nuevamente, el guion sacrifica la mística del héroe a cambio de un chiste que no aporta nada a la trama. La ironía se recrudece cuando al final, Adam ahora pasa a la acera opuesta. Mientras que en la Tierra sin ninguna prueba grita a todos que es un príncipe extraterrestre, al final de la película busca ocultar su transformación a He-Man cuando todos ya lo saben, eso debe causarte gracia, entiendo yo.
Las contradicciones de la Resistencia y el maltrato a Teela
Las grietas del guion se extienden al llegar a Eternia. Cuando Teela rescata a Adam y lo presenta ante la resistencia, es comprensible que desconfíen de la identidad del príncipe. Lo que no tiene ningún sentido es el trato que recibe la propia Teela.
La película nos plantea que su padre (Man-at-Arms) cayó en el alcoholismo debido al trauma y la culpa de haber fallado en la protección de la familia real, un conflicto dramático aceptable. Pero Teela ha demostrado ser una guerrera excepcional y la responsable directa de traer de vuelta a quien pudiera ser la única esperanza del reino. ¿Cuál es la recompensa de la resistencia? Encerrarla en un calabozo junto a su padre borracho. Si necesitas a tus mejores soldados para derrocar a un Skeletor más temible que nunca, encarcelar a tu mejor guerrera por quien sabe que razón es una decisión táctica tan absurda que saca por completo al espectador de la película.
El espejismo de la transformación y el "Efecto Star-Lord"
Cuando finalmente llega el momento cumbre y Adam levanta la espada para transformarse en He-Man, la película da un repunte de adrenalina. Hay que admitir que visualmente la transformación cumple con creces y, por unos minutos, te hace olvidar el desastre argumental previo. Ver a un He-Man con la fuerza y agilidad que recordamos, pero mostrando la torpeza lógica de alguien que está aprendiendo a usar semejante poder, se sentía correcto, orgánico y realista dentro del universo de la película. Más aún cuando se enfrenta a un Trap Jaw que, manteniéndose fiel al nuevo tono de los villanos, se presenta como una amenaza verdaderamente sádica y malvada.
Sin embargo, el guion vuelve a sabotearse a sí mismo casi de inmediato. Pasamos a una batalla aérea donde, en lugar de ver una evolución en el control de sus habilidades, He-Man parece retroceder. Toda la tensión acumulada se disuelve para meter con calzador una comicidad al más puro estilo de Guardianes de la Galaxia. El mensaje implícito pasa a ser: "No importa si soy ridículamente torpe en el aire, total soy el héroe bonachón y los voy a derrotar igual". Esa necesidad de rebajar la épica con chistes de caídas y tropiezos arruina por completo la seriedad del clímax que nos habían prometido con la transformación.
El misterio de la madre fantasma: El colapso emocional de la trama desde y hacia varios personajes.
Pero el error más imperdonable del guion ocurre en la Montaña Serpiente. Adam va a rescatar a su familia, es capturado, le quitan la espada y vuelve a su forma humana. Hasta ahí, todo dentro de una trama lógica del cine de acción. Logra descubrir que sus padres están vivos y lo meten preso en las mazmorras junto al resto de los insurgentes.
Aquí es donde cualquier noción de narrativa con sentido se va por la borda. Adam acaba de arriesgar el destino de todo el universo y la mismísima Espada del Poder por el amor a sus padres. Lleva quince años sin ver a su madre; ella ha sido su motor y su motivación para regresar y su padre acaba de morir (¿por un error del mismísimo He-Man?). ¿Y cuál es la gran escena del reencuentro? Un abrazo. El guion decide que Adam, luego de un abrazo con su mamá, simplemente se sienta solo en una esquina de la celda.
¿Y la mamá? ¿Qué pasó con ella? Desaparece por completo de la pantalla y de la trama, y no la volvemos a ver sino hasta el final de la película en una escena post-crédito. El guion de Chris Butler y los hermanos Nee es tan descuidado que se olvida de cerrar, sostener o dar un mínimo espacio dramático a la relación que justificaba todo el viaje del héroe. Al final, los lazos familiares solo sirvieron como un dispositivo de trama (plot device) barato para mover a los personajes de un escenario a otro, despojando a la película de cualquier rastro de corazón o sinceridad.
Además, Man-at-Arms ha vuelto, viste de nuevo su uniforme, el gran comandante de la Guardia Real. De alguna manera aun hay algo de fuerza en su presencia o así debiéramos entenderlo; y por si fuera poco, junto a su hija, pueden dar fe de haber visto la transformación de Adam en He-Man... pues eso también pasa por debajo de la mesa. Adam sigue siendo un desconocido con todas las razones para no tomarlo en serio, razones que él se encarga de alimentar con su actitud.
El otro punto que no respeta la trama de la serie original (y no por que eso sea solo un tema de romanticismo ochentero, sino porque creo que hubiera agregado mucha más fuerza a la trama), es que los principales actores de la resistencia, Ram Man, Fisto, Mekaneck, no son unos aficionados. Son parte de la fuerza de élite de la Guardia de Honor del Rey de Eternia. Entonces, el problema no es que hayan sido derrotados, ni que ahora sean una resistencia que debe ocultarse, sino que ya ellos trabajaban en equipo, eran guerreros de élite. ¿Todo eso cuando se olvidó?
El error de cálculo: Confundir pacifismo con ridiculez
La serie animada original de Filmation era, por definición, un producto infantil con moralejas al final de cada episodio. Sin embargo, sus personajes no eran ridículos, y los héroes jamás hacían payasadas (aunque había personajes específicos para darle humor a la seria, al final era para niños, pero justo esos personajes se olvidaron o se usaron poco aquí). Había una dignidad intrínseca en el Reino de Eternia y en sus héroes.
La película de 2026 cae en la trampa contemporánea (la desgastada "fórmula de Thor: Ragnarok"): la necesidad de guiñar el ojo a la audiencia constantemente y llenarlo todo de chistes posmodernos e irreverentes, como si al guion le diera vergüenza tomarse en serio a sí mismo. Y el mayor sacrificado de este enfoque es el Príncipe Adam (interpretado por Nicholas Galitzine), sin duda alguna.
En alguna parte se confundió ciencia ficción y aventura fantástica, con mofa. ¿Es probable que haya un príncipe entre nosotros que se pueda transformar en un tipo super musculoso gracias a una espada? Pues no. Ah, entonces vamos a burlarnos de eso.
El verdadero Príncipe Adam vs. El Adam de 2026
En el material original, Adam no era ningún inútil ni un torpe. Su caracterización clásica respondía a una necesidad heroica: él rehuía la confrontación y fingía desinterés por las armas con el único propósito de proteger su identidad secreta. No era cobardía, era estrategia y convicción moral. Era un hombre que creía en la paz profunda, pero que no dudaba en actuar cuando el peligro acechaba.
La película de 2026 destruye este matiz de una forma casi sonrojante:
La parodia de la mediación: El guion justifica el pacifismo de Adam haciéndolo trabajar en un empleo ordinario de Recursos Humanos (RR.HH.) en la Tierra durante 15 años. Cuando regresa a Eternia, intenta resolver conflictos bélicos usando clichés básicos y torpes de "mediación institucional" y discursos de manual de oficina.
El autosabotaje del guion: Lo grave no es que Adam intente usar la empatía (lo cual podría ser un giro moderno e interesante); lo grave es que la misma película se encarga de ridiculizarlo y volverlo el hazmerreír cada vez que uno pensaba que había llegado el momento de reinvindicarlo.
Como bien apunta la crítica de Roger Ebert, el guion de Chris Butler y los hermanos Nee utiliza este trasfondo de "terapia y empatía corporativa" no como una fuerza real, sino como un chiste recurrente sobre su falta de masculinidad tradicional. Al final, la película no confía en su propio mensaje: se burla de las herramientas de mediación de Adam durante todo el metraje para que, en el tercer acto, todo se resuelva de la forma más genérica posible: dándole un golpe muy fuerte a Skeletor con una espada brillante.
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Conclusión: Dos amos que no se pueden servir; ni con Dios ni con el Diablo.
Al intentar complacer a la junta directiva de Mattel creando un blockbuster lleno de chistes ligeros y referencias meta, la película pierde el alma de la franquicia. Rescataron las figuras de acción, los colores y la imponencia de los villanos, pero olvidaron que el Príncipe Adam y He-Man no eran un meme andante.
¿He-Man y The Masters of the Universe fue una serie que nació buscando vender figuras de acción?, si. ¿MOTU fue una serie infantil, con momentos de humor?, también. Incluso, vamos mas allá, He-Man fue convertido en un símbolo de la cultura gay por su forma de vestir como príncipe Adam y luego tener una identidad secreta, musculosa y "extra varonil". Masters of The Universe pudo ser y es muchas cosas, pero nunca fue una serie ridícula, dirigida al público infantil si, pero no por ello idiota.
En los 80, He-Man se ganaba el respeto de la audiencia porque su fuerza iba acompañada de una responsabilidad y era claro que no era solo músculos sino estrategia. En 2026, parece que para ser un héroe solo necesitas unas buenas sesiones de coaching corporativo y que te consigas una espada mágica.
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